¿Cuáles
son los principios de interpretación bíblica?
Introducción
Una
vez un profesor de seminario daba una conferencia en una iglesia local sobre
las reglas para la interpretación de la Biblia y se fijó que una mujer en la
audiencia tenía lágrimas en las mejillas. Pensando que él la había
ofendido, le preguntó por qué estaba llorando. “Estoy llorando por
usted”, dijo, “porque tiene que seguir todas las reglas para entender la
Biblia. Yo sólo leo la Biblia y Dios me dice lo que significa.”
¿Será
que entender la Biblia es fácil? ¿Será que al leerla, Dios dice a cada
creyente qué significa, sin que el creyente tenga que indagar o esforzarse?
Por
supuesto hay muchas partes de la Biblia que son fáciles de entender.
Hasta un niño puede entender Juan 3:16, por ejemplo. Pero también hay que
reconocer que en la Biblia hay ciertos textos no son muy difíciles de
entender. Vamos a ver en un artículo futuro que el Espíritu Santo de
veras nos ayuda entender las Escrituras; sin embargo, veremos que el Espíritu
también espera que nos esforcemos y que usemos las herramientas que están a
nuestro alcance, incluyendo el estudio de las reglas de interpretación.
En
este artículo empezamos una serie de reflexiones sobre la hermenéutica, o el
estudio de las reglas para interpretar correctamente la Biblia. En el
resto de este artículo, veremos por qué es necesario estudiar estos principios
de interpretación.
La palabra que mejor capta los retos que el creyente
enfrenta cuando lee la Biblia y trata de entenderla es “distancia”. Aunque somos el mismo pueblo de Dios, adoramos
al mismo Señor y tenemos la misma fe, en cierto sentido hay una distancia entre
nosotros y los destinatarios originales de los libros de la Biblia.
Por ejemplo, hay una distancia de tiempo.
Entre hoy y el tiempo en que los eventos descritos en la Biblia ocurrieron, hay
una gran distancia de tiempo que abarca varios milenios y el mundo ha cambiado
mucho en ese tiempo.
Por
eso, en Oseas 10 el creyente promedio encuentra referencias a cosas que le
resultan prácticamente incomprensibles: ¿a qué se refiere “las becerras de
Bet-avén” en v.5? ¿Dónde estaban Bet-avén, Asiria y Efraín
(v.6)? ¿Qué eran los lugares altos (v.8) y por qué eran
pecaminosos? ¿Qué significa la referencia a Gabaa en v.9 o a la referencia
a la destrucción de Bet-arbel por Salmán en v.14?
Los
contemporáneos de Oseas entendían perfectamente lo que él significaba con estas
referencias en su sermón. Pero a nosotros nos cuesta porque estamos
separados de estos acontecimientos históricos y lugares por tantos miles de
años.
También hay una distancia de cultura.
Por eso, en algunas partes de la Biblia encontramos costumbres, creencias y
prácticas que para nosotros hoy en día no tienen ningún sentido. ¿Por qué en
Jueces 11 Jepté se sintió obligado a sacrificar a su única hija por un voto
impulsivo que había hecho en un momento de crisis? ¿Por qué en el mundo
antiguo ungían con aceite a los sacerdotes, a los reyes y a los enfermos?
¿Qué sentido tenía la costumbre de quitar el zapato y darle a otro para la
transferencia de propiedades mencionada en Rut 4:6-8? Éxodo
36:26 dice, “No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” ¿Por
qué Dios mandó eso y qué aplicación tendría hoy?
Cuesta
entender estas cosas porque reflejan ciertas creencias y costumbres que eran de
la cultura de aquel entonces, cosas que ya no forman parte de nuestra cultura.
Además hay una distancia geográfica.
A menos que uno haya visitado la Tierra Santa, no tenemos un banco visual de
datos y por eso nos cuesta visualizar los lugares descritos en la Biblia.
¿Por qué, por ejemplo, la Biblia siempre dice que uno “sube” a Jerusalén y
“baja” para llegar a Jericó?
Por
supuesto, aun si fuéramos a visitar Israel, los lugares no han quedado con la
misma apariencia que tenían en aquel entonces. Por ejemplo, 2 Samuel
18:8 describe el bosque de Efraín como tan denso que “fueron más los que
destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.” Hoy Israel
no es boscoso sino árido. Jueces 14:5-6 describe un león que
atacó a Sansón. Ya no hay leones en Palestina.
Finalmente, hay una distancia de idioma.
La Biblia fue escrita en los idiomas comunes de su época: la mayor parte del
Antiguo Testamento fue escrita en el hebreo (con unas partes en arameo),
mientras el Nuevo Testamento fue escrito en el griego. Sin embargo, para
el creyente moderno, hay una gran distancia lingüística con estos idiomas.
Se
complica por el hecho de que hay ciertos matices de significado que son algo
difíciles de traducir de un idioma al otro (por ejemplo, traducir un chiste
cuyo remate depende de un juego de palabras).
Por
un lado, disponemos de una abundancia de excelentes traducciones; por el otro,
el trabajo de un traductor tiene cierto elemento de interpretación.
Por
ejemplo: observe las traducciones siguientes de 1 Corintios 7:1:
·
La
Reina Valera 1960 dice, “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le
sería al hombre no tocar mujer”
·
La
Nueva Versión Internacional dice, “Paso ahora a los asuntos que me plantearon
por escrito: «Es mejor no tener relaciones sexuales.”
·
La
Versión Castellana dice, “Contesto ahora a lo que me preguntasteis por escrito:
Si uno decide permanecer soltero, hace bien.”
La
Reina Valera 1960 es bastante literal al griego aunque nos deja con la
inquietud, ¿qué significa eso de “no tocar mujer”? Pero la Nueva Versión
Internacional y la Castellana ofrecen interpretaciones diferentes: la de tener
relaciones sexuales en el caso de la Nueva Versión Internacional; y en el caso
de la Versión Castellana, la de casarse.
El
estudio de las reglas para la buena interpretación bíblica procura ayudarnos
superar la distancia de tiempo, cultura, geografía e idioma. Por eso vale
la pena estudiarlas.
Así
que, conozcamos y usemos las buenas reglas de la interpretación bíblica.
Métodos incorrectos para interpretar la Biblia
En
un artículo anterior sobre la interpretación bíblica, vimos por qué era
importante estudiar reglas de buena interpretación de la Biblia. En este
artículo, vamos a profundizarnos un poco en este tema con hablar de seis
métodos incorrectos para interpretar la Biblia.
El primer método incorrecto es el MÉTODO LITERALISTA. Ahora, no se
debe confundir “literalista” con “literal”, ya que “literal” es una descripción
del significado más sencillo y más de acuerdo a lo que el autor hubiera tenido
en mente. “Literalista” quiere decir una manera hiperliteral y letrista
que ignora el uso normal de lenguaje, como el lenguaje figurado.
Un
ejemplo sería interpretar Mateo 26:26 “…este es mi cuerpo” para
significar que el pan tuvo que haberse convertido en forma milagrosa en el
cuerpo literal de Cristo. Por supuesto, si tomamos en cuenta el uso de
lenguaje figurado como metáforas, surge otro significado más natural: “…este
representa mi cuerpo o es semejante a mi cuerpo”.
Otro
ejemplo es la manera en que los rabinos en la antigüedad solían
interpretar Proverbios 22:9, “El ojo misericordioso será bendito, porque
dio de su pan al indigente.” Fijándose en el hecho de que “ojo” era
singular y no plural, ellos concluyeron que el versículo enseñaba que los dos
ojos de una persona podían ver simultáneamente en distintas direcciones, como
los camaleones en el Discovery Channel, pero si uno de los dos ojos de una
persona era bueno, pues aquel ojo miraría únicamente el la dirección del bien.
Es
mejor interpretar este proverbio tomando en cuenta que “ojo” en este proverbio
es lenguaje figurado que significa a la persona y pone énfasis en su reacción a
lo que observa.
Como
se nota, la interpretación literalista resulta en interpretaciones raras y
absurdas.
El segundo método incorrecto es el MÉTODO ALEGÓRICO. Este método
busca encontrar en el texto bíblico un sentido “más profundo” y oculto que va
más allá del sentido obvio o literal del texto. Por eso, asigna a
personajes, objetos, eventos y otros detalles un significado “espiritual” que
no está relacionado con el significado literal del autor original.
Digamos
que un predicador fuera a predicar un sermón sobre Nehemías 3:3, “Los
hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y
levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.” Digamos que
la idea de su sermón fuera, “Hermanos, este texto quiere decir que ¡debemos
pescar almas!” Tal interpretación sería buen ejemplo de alegoría, porque
Nehemías se refería a una puerta literal que se llamaba “la puerta del Pescado”
y al escribir v.3, seguramente estaba pensando en como esa familia edificaba el
muro de Jerusalén a la altura de aquella puerta. A pesar de que ganar
almas para el Señor es algo bueno, Nehemías no hablaba de eso en este
versículo.
A
veces en el afán de encontrar una aplicación en un texto, el lector cae en
sacar interpretaciones alegóricas. El problema con el método alegórico es
que impone las propias ideas del intérprete sobre el texto.
El tercer método incorrecto es el MÉTODO DOGMÁTICO. Según este
método, la correcta interpretación es la que está de acuerdo con las doctrinas
(o “dogmas”) de una determinada autoridad eclesiástica, y no tanto porque está
basada en buenos principios de interpretación.
Un
ejemplo es la manera en que la Iglesia Católica Romana históricamente ha dicho
que sólo el magisterio de la iglesia puede interpretar la Biblia. Sin
embargo, hay que recordar que también en muchas iglesias evangélicas los
miembros creen una enseñanza bíblica porque así lo enseña el pastor, y no tanto
porque han estudiado el texto y sacado conclusiones.
Realmente
todos nos acercamos al texto con ciertos prejuicios y por no haber estudiado
cada pasaje personalmente, casi todos nosotros hacemos esto en forma
inconsciente de vez en cuando. Debemos procurar liberarnos poco a poco de
depender de la interpretación de otros.
En
su forma más extrema, el método dogmático pone fuera de crítica cualquier
doctrina falsa y por lo tanto se presta a abusos en la interpretación del texto
bíblico. También niega la “perspicacia” de la Biblia así fomentando la
pasividad y falta de lectura las Escrituras en vez de imitar el ejemplo de los
de Berea (Hechos 17:11-12), y por lo mismo puede desestimular el estudio
bíblico personal y crear una dependencia no sana en la autoridad eclesiástica
que impide el crecimiento espiritual.
El cuarto método incorrecto es el MÉTODO RACIONALISTA que
interpreta la Biblia a través del supuesto de que la única realidad que existe
es la realidad natural y científica; por eso, que niega la intervención (o la
existencia) de Dios y deja fuera toda posibilidad de milagros o de profecía
predictiva. El estudiante de la Biblia a veces se topa con este método en
algunos libros y comentarios escritos por autores de corte teológica liberal.
Por
ejemplo, el método racionalista explicaría el milagro del Mar Rojo con decir
que cruzaron en una parte donde el agua tenía poca profundidad, y por eso
pudieron cruzar pero los carros de Faraón se quedaron y los israelitas se
escaparon.
Otro
ejemplo del método racionalista es un acercamiento a las profecías de Daniel
que dice que fueron escritas en el 3º o 2º siglo antes de Cristo, porque
describen en gran detalle el surgimiento de los grandes imperios gentiles de
Babilonia, Persia, Grecia y Roma y hasta describen las campañas militares
después de la muerte de Alejandro Magno. Por eso – dice el método
racionalista – estos capítulos tuvieron que haber sido escritos después que
sucedieron estos eventos.
El
problema con este método es que impone una cosmovisión secular y racionalista a
las Escrituras. Si Dios existe, no debe sorprendernos que haya milagros y
profecía predictiva. Por supuesto que usamos la razón para entender el
mensaje de la Biblia; sin embargo, no debemos entronar la razón como un
criterio para decidir qué partes del mensaje bíblico vamos a creer o no creer.
El quinto método incorrecto es el MÉTODO MÍSTICO, según el cual hay que
interpretar la Biblia a través de un sentimiento, una experiencia o una
supuesta comunicación personal de Dios al intérprete.
Por
ejemplo, Éxodo 23:19 dice, “No guisarás el cabrito en la leche de su
madre”. Un renombrado conferenciante evangélico decía que este versículo
quería decir que el creyente no debe comer carne y productos lácteos en la
misma comida porque haría daño a su salud. Agregó, “Sé que esta es la
correcta interpretación porque oré mucho y el Señor me confirmó esta
interpretación”.
Otro
ejemplo sería, “Me casé con una chica inconversa que después aceptó a Cristo;
entonces, sé que está bien que los jóvenes cristianos se casen con personas no
cristianas, porque es una manera de evangelizar.”
Todavía
otro ejemplo sería, “Me voy a divorciar de mi esposa y casarme con Fulana
porque tuve un sueño en que Dios me dijo que lo hiciera porque El quiere que yo
esté feliz.”
El
gran problema con este acercamiento a la Biblia es que es muy subjetivo.
Interpreta la Biblia en base a las experiencias en vez de dejar que la Biblia
interprete las experiencias. Aunque las emociones son una parte integral
de los seres humanos, la maldad en nuestro corazón (Jeremías 17:9) puede
llevarnos tomar decisiones equivocadas basadas en la emoción o puede llevarnos
a interpretar equivocadamente nuestras experiencias. Además, no todas las
experiencias de carácter místico vienen de Dios.
El sexto método incorrecto que voy a mencionar es
el MÉTODO LIBERACIONISTA que
interpreta toda la Biblia a la luz del compromiso con la lucha para la justicia
social.
Por
ejemplo, los proponentes de este método toman el éxodo como paradigma para las
luchas armadas de liberación. También dicen que se debe descartar los
proverbios que critican a los pobres, porque son escritos desde la perspectiva
de los ricos.
Las
debilidades de este método son que juzga la Biblia a la luz de la lucha por la
justicia, en vez de vise-versa; también, pasa por alto las implicaciones no
políticas de la Biblia; y finalmente, tiende a casar una interpretación bíblica
con una ideología particular.
Hermanos,
en nuestra predicación y estudio bíblico, evitemos los métodos incorrectos para
interpretar la Biblia.

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